jueves, 12 de febrero de 2015

La Reserva Especial de Maputo



Mozambique no es famosa por sus reservas naturales interiores, aquí la gente viene sobre todo por sus magníficas playas y fauna marina. Rodeado de países como Tanzania y Sudáfrica con algunas de los mejores parques nacionales del continente (Serengeti, Ngorongoro, Kruger, etc.), los de Mozambique son absolutamente desconocidos para el gran público exceptuando Gorongosa, que empieza a recobrar su fama lentamente. 


La culpa la tiene, en buena parte, la guerra civil que asoló el país desde su independencia, en 1975, hasta 1992. Además de todas las miserias que conllevó el conflicto para los propios mozambiqueños, los circuitos turísticos no volvieron a interesarse por el país hasta entrado el presente siglo prácticamente. El hambre y la falta de control provocaron una hecatombe en las poblaciones de grandes mamíferos del país, que desaparecieron o quedaron muy mermadas en casi todo Mozambique, y la profusión de minas anti-persona espantó a los pocos que podían todavía interesarse por visitar las reservas naturales mozambiqueñas.


Aun así, en un país de 1,5 veces el tamaño de España y con 20 millones de habitantes en la actualidad concentrados sobre todo en la franja costera, quedan todavía algunas buenas poblaciones de grandes mamíferos. Las más importantes están en el norte del país, en la Reserva de Caza de Niassa, colindante con Tanzania, en el Parque Nacional de Gorongosa, en el centro, y en el Parque Nacional del Limpopo, en el suroeste, que linda con el P.N. de Kruger de Sudáfrica. El delta del Zambeze fue antiguamente una zona con inmensas poblaciones de búfalos –ya muy mermadas- y de elefantes, prácticamente desparecidos en esa región. Pero a diferencia de muchos países africanos, todavía pueden encontrarse grandes animales también fuera de las áreas protegidas, como leones y elefantes, diseminados por muchas zonas del país.

Aquí,  a apenas 100 km al sur de la capital, Maputo, tenemos una pequeña joya de la naturaleza llamada la Reserva Especial de Maputo (antiguamente “Reserva de Elefantes de Maputo”). 


Es una pequeña área protegida, de “sólo” 1000 km2, que se extiende por la franja costera entre –casi- la capital y la frontera con Sudáfrica. La principal característica de la Reserva, por supuesto, es su población de unos 400 elefantes. Cuando la Reserva fue creada (en 1932, en plena etapa colonial portuguesa) los elefantes compartían este espacio con muchísimas otras especies de grandes mamíferos, entre las que se contaban rinocerontes blancos, búfalos, leones, guepardos, ñúes, cebras, jirafas, etc. Con el paso de los años y la presión humana la mayoría de estos animales se extinguieron localmente, incluso antes de la guerra, y a principios de este siglo sólo los elefantes, hipopótamos y algunas especies de antílopes (“bushbuck”, “reedbuck”, “duiker” de Natal, “steenbok” y suni, principalmente) sobrevivían en la Reserva. Es admirable, por tanto, la resiliencia que ha demostrado tener esta población de elefantes que ha conseguido mantenerse allí hasta el presente cuando muchas otras especies han desaparecido ya.

 



La razón es que los elefantes de la Reserva integran una población mayor que se extiende entre el sur de Mozambique y el norte de Sudáfrica. La Reserva Especial de Maputo, el Parque Nacional de Elefantes de Tembe y el Parque Nacional de Ndumo –estos dos últimos en Sudáfrica- cuentan con poblaciones de elefantes que están interconectadas a través del corredor del río Futi (que desemboca en la Reserva, por cierto). Esto es lo que ha permitido, con toda probabilidad, que los elefantes se hayan conservado en esta zona de Mozambique hoy en día, a tan sólo una hora y media de coche de la capital del país. A un coste, eso sí: los elefantes aquí desconfían todavía mucho de la gente y hay que observarlos desde una distancia prudencial para evitar ponerlos demasiado nerviosos.

Servicio de grúas de la Reserva Especial de Maputo


En realidad, estos tres parques y el corredor del Futi conforman el Área de Conservación Transfronteriza de Lubombo junto con otras muchas áreas protegidas (sudafricanas casi todas), que se extiende por 10.000 km2 de Mozambique, Sudáfrica y Suazilandia.


La proximidad de la Reserva Especial de Maputo a la capital hace de ella un potencial destino turístico de primera categoría para el país. Afortunadamente, el gobierno de Mozambique y muchos de sus socios internacionales son conscientes de este hecho – y de la importancia ecológica de la Reserva per se- y se han puesto manos a la obra para restaurar la antigua diversidad biológica de la zona. Gracias a ello se está repoblando la Reserva con diferentes especies de mamíferos como impalas, facóceros, nyalas, cebras, kudúes, jirafas y ñúes (procedentes de las reservas sudafricanas de Ndumo y Ezemvelo), además de modernizar y crear infraestructuras tanto para los turistas como para los gestores de esta área protegida. 

Manada de elefantes en la Reserva: hembras y crías, los machos son difíciles de ver




Junto con estos nuevos inquilinos y los elefantes, también se encuentran cocodrilos e hipopótamos en las numerosas lagunas que tiene la Reserva, mangostas paludícolas y rayadas, ginetas, monos, galagos, etc.

Está claro: a bañarse, a la playa mejor


El año pasado (2014) se inauguraron las nuevas oficinas del parque y un nuevo acceso, y se está trabajando para acondicionar mejor las dos zonas de acampada existentes. Por descontado, todo este esfuerzo incluye proyectos de desarrollo de las comunidades que habitan la Reserva y sus alrededores, como la construcción de tres “lodges” (hoteles campestres), formación de guías, apertura de pozos para el ganado fuera de la Reserva, etc.

Nueva entrada a la Reserva

Lo que pocos visitantes de la Reserva saben es que, además, esta zona forma parte de uno de los 35 Ecosistemas Críticos del Planeta: el “punto caliente” o hotspot de Maputaland-Pondoland-Albany.  Este hotspot es el segundo con mayor riqueza florística de África meridional –después de la región de El Cabo-, con unas 8.100 especies vegetales de las cuales al menos 1.900 son endémicas. La Reserva se enclava en Maputaland en concreto, y se caracteriza por sus extensos bosques sobre dunas costeras –una formación vegetal única- intercalados con extensas praderas herbáceas y las mencionadas lagunas, tanto de agua dulce como salobre.

¿En qué se traduce todo esto a la vista del visitante? En un paisaje más o menos así:
 


La Reserva es también una IBA (Important Bird Areas, número MZ001), de las pocas -16- que se han identificado en Mozambique por ahora. La IBA se reparte, a su vez, entre dos EBA (Endemic Bird Area) mucho más extensas que la propia Reserva: la EBA de los bosques sudafricanos (089) y la EBA de la costa del sureste de África (092). Las especies más representativas de aves de estas EBA en la Reserva son: el Alzacola Pardo (Cercotrichas signata) (video abajo), en la primera, y el Apalis de Rudd (Apalis ruddi, especie casi endémica de Mozambique), la Suimanga de Neergard (Nectarinia neergardi, globalmente amenazada), el Canario de Pecho Limón (Serinus citrinipectus) y la Estrilda Golirrosa (Hypargos margaritatus), en la segunda.

Además de estas especies, hay otras aves poco comunes en la Reserva que están globalmente amenazadas además de la Suimanga de Neergard, como la Culebrera Barreada Meridional (Circaetus fasciolatus) y el Zorzal Moteado (Zoothera guttata).  
Pigargo vocinglero o African fish eagle (Haliaaetus vocifer) pescando en el mar en Ponta Milibangalala


No es fácil llegar aquí. Aunque está muy cerca de Maputo, el acceso es complicado: primero se ha de tomar un ferry en Maputo ciudad que cruza la bahía hasta Katembe. La travesía es muy corta pero las colas pueden ser largas y lentas. Después vienen unos 80 km de pista de tierra que a veces –cuando llueve- se encuentra en bastante mal estado y que llega hasta la entrada de la Reserva (aproximadamente en una hora y media desde Katembe). Desde la entrada hasta los campings (uno en Ponta Milibangalala y otro en Ponta Membene), hay otros 40 km de arena profunda en muchos tramos y que sólo son transitables en 4x4. Normalmente es mejor ir en dos todoterrenos por si surgen problemas, pues el trayecto es duro y algo difícil si no se tiene experiencia en arena. Una vez en el interior, el recorrido hasta los campings es bien bonito y se pasa por extensos pastizales, grandes lagunas en las que es fácil ver los hipopótamos y múltiples aves, y bonitas dunas coronadas de impresionantes bosques.


[Actualmente se está construyendo un gran puente que sustituirá al ferry de Katembe, y la pista de arena se convertirá con el tiempo en una carretera asfaltada. Esto se debe a que se va a construir un nuevo puerto de aguas profundas al sur de la Reserva (Techobanine), desgraciadamente porque es un gran contrasentido haber hecho tanto esfuerzo en la protección de la zona para albergar en ella una infraestructura con tanto impacto.]


Los campings son absolutamente básicos, al menos por ahora. Hay que llevarlo todo, incluyendo agua y combustible abundante, comida y todo lo necesario para autoabastecerse. Tan sólo hay algunas letrinas y un destacamento de guardas que venden leña para cocinar.

Pero, ay, no sólo de bosques vive el hombre, y la Reserva está en la costa… del océano Índico, por supuesto. Los dos campings habilitados están inmersos en el bosque costero y a sólo unos metros de las impresionantes playas desiertas que se extienden a lo largo de unos 50 km de norte a sur.  El mar es bravo aquí y es mejor disfrutarlo con precaución y en marea baja, pero aún así las playas son paradisíacas y sólo algunos aguerridos “Boers” (los sudafricanos blancos de origen holandés) las frecuentan de vez en cuando para pescar a gusto.



Panorámica desde la duna de Ponta Milibangalala


Las que también frecuentan estas costas –entre junio y octubre- son las ballenas jorobadas. En la época buena se divisan numerosos individuos desde la playa. Son en su mayoría hembras con crías que pasan aquí el invierno austral, para volver a las zonas subantárticas para alimentarse durante el verano austral. Todo un espectáculo adicional, pues las yubartas –como también se conocen- gustan mucho de saltar sobre el agua sacando todo el cuerpo de ella en sus acrobacias.



¿Y qué se hace una vez allí? Bañarse, ver pájaros, ballenas, pasear por la playa o por el campo (con mucho cuidado de no toparse con los elefantes a pie), hacer suculentas barbacoas, pescar si se sabe, subir a una duna o a una colina a ver la puesta del sol o el amanecer… o simplemente extasiarse. Todo tipo de cosas altamente perniciosas para el espíritu, en definitiva.


En un futuro próximo las cosas cambiarán bastante y habrá una afluencia considerable de turistas a la Reserva Especial, lo que es bueno para Mozambique por supuesto, pero por ahora es una zona absolutamente espectacular por la soledad en la que todavía se puede disfrutar de la naturaleza a lo grande a tan pocos kilómetros de una gran y movida urbe como es Maputo …además de por sus impresionantes paisajes, su incipiente comunidad de grandes mamíferos y su extraordinaria riqueza de aves.


Muchísimas gracias a Gabriel de Labra por ceder algunas de sus maravillosas fotos para esta publicación.

Waypoints de referencia:

-          Entrada a la Reserva Especial: 26° 31.783'S  32° 43.237'E

-          Ponta Membene (3 campsites): 26° 24.058'S  32° 55.345'E

-          Ponta Milibangalala (15 campsites aprox.): 26° 26.975'S 32° 55.520'E

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    Además de en estos dos campings se puede acampar en la entrada de la     Reserva y en el lodge comunitario que está un par de km antes de llegar a la entrada, donde también hay dormitorios básicos (26° 31.594'S  32° 41.887'E).



Más información:


¡Chimpúm!







3 comentarios:

Yoya Fernández dijo...

¡Qué interesante y qué bien explicado!

Pablo Aransay dijo...

Ay, paludícola. Doy fe de que es un sitio muy bonito.

maria malm dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.