viernes, 25 de mayo de 2007

LOS HALCONES PIRATAS

Foto: pollo de halcón de Elonora (Falco eleonorae), Salé. Nacho Aransay
En la otra orilla del río de Rabat, el Bou Regreg, está Salé, la hermana mayor y pobre, con pasado de piratas berberiscos. Hace siglos, los andalusíes expulsados de España decidieron vengarse atacando a los barcos españoles que pasaban frente a esta costa.

Hoy en día, aunque poca gente lo sepa, quedan piratas en los acantilados de Salé: los halcones de Eleonora. Vienen de Madagascar, donde pasan el invierno, y se instalan aquí para reproducirse, a la espera de que los pájaros migratorios vuelvan de Europa siguiendo la costa, hacia sus cuarteles de invernada africanos. Los halcones programan su reproducción de forma que sacan el máximo provecho de este paso migratorio para criar a sus pollos, entre julio y septiembre.

En Marruecos hay sólo dos colonias de halcones de Eleonora y la de Salé es, con mucho, la menor: sólo unas 20-25 parejas resisten a las molestias, a los chavales con tirachinas y al avance de la urbanización (Salé tiene más de un millón de habitantes). La otra colonia está en la isla de Mogador, frente a lo que hoy es Essaouira. A diferencia de ésta, la de Salé no tiene ninguna protección y goza del desinterés absoluto de las autoridades locales. Sin embargo, aguanta mejor de lo que presuponen algunos estudiosos de los pájaros, que la creen ya casi desaparecida, y ofrece unas condiciones de observación inmejorables, a tiro de piedra (por suerte y por desgracia) del que quiera ver los halcones de cerca sin molestarlos. Comparten acantilados con gaviotas patiamarillas, cernícalos vulgares, cernícalos primillas, halcones peregrinos y mochuelos. Todo un espectáculo en las faldas de una aglomeración urbana (Rabat-Salé) de más de dos millones de habitantes.


jueves, 24 de mayo de 2007

DOS INÚTILES EN EL ATLAS

Nuestra última excursión ha sido ir a hacer rafting y canoa al Atlas, en la zona de Bin el Ouidane, al sur de Beni Mellal. Silvia es, por supuesto, la otra inútil a la que hace mención el título. Era la primera vez, con lo que nos llevamos un buen chapuzón y casi dejamos la canoa colgada de una piedra, con la corriente presionándola contra la roca por todas partes. A pesar de todo, nos divertimos mucho bajando por el río y el paisaje era de lo más bonito. Hasta vimos un grupo de monos desde el agua. La foto es del final del tramo que recorrimos. Los chavales de los pueblos se meten con neumáticos a hacer lo mismo que los guiris, pero ellos reman con las sandalias y no se meten en camisas de once varas, claro, salvo cuando se les va una sandalia río abajo...

Podéis echar un ojo a algunas fotillos en el álbum "Rafting" (el acceso está en la parte derecha de esta página).