miércoles, 9 de mayo de 2012

The wild, wild East! (Khaudum y Mahango)


Lechwes
En Namibia hay muchos parques nacionales, pero sólo uno hace resoplar a los aguerridos viajeros y biólogos del país cuando se les menciona: el Khaudum.Y eso porque está en una zona muy remota, en el noreste del país y de la región que se conocía como Bushmanland (la tierra de los bosquimanos, en pleno “desierto” del Kalahari), se accede y circula en él por difíciles caminos de arena profunda y las instalaciones para los visitantes están supuestamente  abandonadas desde hace años. El suministro de combustible en los alrededores del parque es muy irregular (hay que llevar dos bidones y dos ruedas de repuesto por coche) y no se puede entrar en el Khaudum con un sólo coche por si hay problemas. Por no haber, puede no haber ni siquiera agua para beber y también hay que llevarla en el coche por si acaso.

A cambio, es el único parque namibio con presencia regular de licaones (el perro salvaje africano o perro pintado, Lycao pictus, que por todos estos nombres se conoce), tiene una población de elefantes que llega a veces a los 3000 ejemplares y también alberga antílopes sable y ruanos, especies relativamente raras en este país, además de muchos otros animales comunes en Namibia (leones, leopardos, oríces, jirafas, etc.).

¿Qué más se puede pedir? Aprovechando unas fiestas nacionales, nos hemos juntado una partida de amigos en un par de coches y nos hemos ido a comprobar si el Khaudum es tan fiero como lo pintan. Con los coches cargados hasta los topes de comida, agua, gasolina, ruedas y siete aguerridos exploradores, nos llegamos hasta Tsumkwe, la población más cercana al Khaudum, para comprobar que, efectivamente, la gasolinera está completamente seca. Venimos preparados para esta eventualidad, pero nos entran los nervios y solicitamos al tercer coche que se va a juntar con nosotros al día siguiente, que nos traiga más combustible por si acaso. 


Ver Khaudum y Mahango en un mapa más grande


Por fin, nos adentramos en el campo para recorrer los 60 kilómetros hasta la puerta del parque. No hay ningún cartel indicando la dirección, por cierto. Todo marcha sobre ruedas hasta que llegamos a los primeros tramos de arena profunda. El coche de nuestro amigo Samuel, un Suzuki Vitara, no consigue salvar el obstáculo porque va realmente muy cargado y tenemos que parar tres veces en una hora a remolcarlo. Ahí se evaporan nuestras esperanzas de poder atravesar el Khaudum de sur a norte para salir a la carretera principal del Caprivi al otro lado del parque. Son unos 200 km en total solamente, pero por lo que sabemos pueden llevar unas 14 horas, y lo más difícil está al final.

¿Qué hace un Vitara en un sitio así? Bueno, nos hemos atrevido a venir con ese coche (en vez de alquilar un 4x4 más grande y más alto) porque nuestros amigos Carmen y Alberto (¡olé los valientes!) hicieron la proeza de atravesar el Khaudum en solitario con un coche igual. Eso sí, quemaron el embrague y tuvieron que hacer tropecientos kilómetros en segunda hasta la ciudad más próxima, pero eso es un detallito sin importancia. Suerte que no se quedaron tirados y que no tuvieron encontronazos con elefantes.

Pero conseguimos llegar a la entrada del parque con gran alegría para todos. ¿Todos? Habíamos avisado a los guardas de nuestra visita, pero en la puerta del parque no hay nadie ni nada más que carteles y calaveras de animales. 

Llegada a Khaudum. De izda. a dcha.: David, Silvia, Min, servidor y África (foto robada de facebook con permiso de Alba, ¿no?).
Seguimos hasta el primero de los dos campamentos, el de Sikereti, donde se supone que residen algunos guardas: nadie en absoluto y la oficina, cerrada. ¿Se los habrán comido los leones a todos? Nos instalamos en la zona de acampada, también desierta y sin vallar, y comprobamos que sí hay baños, que están bien y que tienen agua corriente. Así que tiene que haber alguien por aquí. También vemos que están construyendo nuevas instalaciones en el camping.

Ya con los coches descargados, nos vamos a visitar el waterhole más cercano, a unos 10 km. Ahora el Vitara no tiene problemas con la arena, afortunadamente.El waterhole está en un claro amplio del bosque y hay un observatorio elevado desde el que observarlo. Los primeros animales, después de los kudúes que nos hemos cruzado, se acercan a darnos la bienvenida: oríces, un antílope ruano, facóceros y un elefante solitario. Un par de hienas moteadas llaman desde su guarida subterránea, pero no asoman el hocico mientras estamos allí. Con las últimas luces volvemos al campamento de Sikereti.

A la mañana siguiente nos toca un premio gordo nada más salir de Sikereti al amanecer: un bicho está parado en el camino. En la penumbra, es difícil saber qué es: ¿una liebre, un gato montés? Un vistazo con los prismáticos despeja las dudas: ¡es un caracal! El pariente africano del lince, un animal muy difícil de ver (el tercero en mi caso). Un caracal muy pequeñajo en este caso, pero igualmente espectacular. Se queda mirándonos unos segundos sin saber qué hacer hasta que decide volver a internarse en el bosque. ¡Empezamos bien!

En el waterhole de ayer hay algo más de animación, aunque se nota que todavía hay mucha agua por los alrededores y la cantidad de animales que vemos es pequeña. Pero hoy aparece también un chacal y, bien entrada la mañana, una pareja de rateles o tejones melíferos, otro animal que raramente se ve.

Damos una vuelta hasta el siguiente waterhole y por el camino vemos varios elefantes y jirafas, steenboks, kudúes, etc. 

(No hace falta poner qué es, ¿no?)
De vuelta en Sikereti la oficina está abierta y por fin vemos a los guardas. No nos pueden cobrar la estancia porque no tienen recibos, y nos informan de que los licaones suelen venir a beber al waterhole al amanecer. ¡Ah, pues hemos estado esta mañana y no los hemos visto! Y resulta que el waterhole no es ése, si no un pequeño abrevadero, casi ridículo, muy cercano a la zona de acampada. Cosas veredes… Les preguntamos también si el Vitara podría o no cruzar el parque hasta la carretera del norte… y la respuesta es un no tajante, ni siquiera podría llegar al campamento del norte del parque, a 80 km de aquí. Bueno es saberlo.

Nos quedamos dos noches más en Sikereti, pero la atmósfera de pioneros se esfuma con la llegada a cuentagotas de otros coches y de un convoy de quads, con un macarra de pistola al cinto incluido. También nos cruzamos con un convoy de 4x4 que han atravesado el parque de norte a sur y nos recomiendan que no lo hagamos porque es muy lento, pesado y complicado. Y eso que son afrikaners, más duros que una piedra.

En los días siguientes vemos más elefantes y más ruanos, pero los licaones no quieren saber nada de nosotros y nos vamos sin verlos. En conclusión, llegar a Sikereti no es nada difícil para un coche grandote con reservas de combustible, hay agua y no hay necesidad de internarse más en el parque porque la zona con más animales es la del sur. La próxima vez esperaremos a que la estación seca esté más avanzada para venir y ver más animales.

Otro de esos, un poco mosca porque está viendo los coches al pie del hide.
El cambio de plan, no atravesar el Khaudum si no dar marcha atrás para llegar al siguiente destino (P.N. de Mahango), en el extremo nororiental de Namibia, nos hace dar un pequeño rodeo… ¡de 700 km! Parece mucho, pero en tiempo es menos que nuestro plan inicial, así que ni cortos ni perezosos nos despachamos el largo trayecto en un solo día para llegar a dormir al camping de Popa Falls, ya en la puerta del Caprivi y del Okavango, en el norte tropical.

Popa Falls, en el río Kavango que poco más adelante se expande en mil ramificaciones en el delta del mismo nombre en Botswana, no son más que unos rápidos de moderado interés paisajístico. Lo bueno es que ya estamos en zona tropical donde hay muchas más especies de pájaros y mucha más agua y verdaderos bosques (en teoría, al menos) que en el resto del país.

Muy emocionado, me levanto antes del amanecer para ver pájaros en el camping, a unos metros de los rápidos. Hago un primer intento de adentrarme en una islita del río por una pequeña pasarela, pero la posibilidad de que haya hipopótamos todavía pastando fuera del agua (lo que hacen por las noches), me hace darme la vuelta. Al cabo de un rato, cuando ya se ve algo, sí que me meto en la frondosa islita con mucha cautela, y al cabo de cien metros me topo con excrementos frescos de hipopótamo y oigo ruiditos en la espesura, así que me doy la vuelta de nuevo. Pruebo en otra islita, menos tupida, y aquí lo que me encuentro es un rastro de cocodrilo, que tampoco es moco de pavo encontrárselo. Por fin, me rindo al sentido común y me acerco a ver los rápidos por el camino principal, libre de animales. Un pescador que lleva allí un rato me dice que ha visto salir un hipopótamo de la primera islita que he visitado unos minutos antes… He hecho bien en largarme. Después, ya casi seguro de que no quedará ningún bichejo en la islita, me vuelvo a meter y veo huellas de hipopótamos por todas partes, y una rata de caña de pantano (traducción literal de Swamp Cane Rat), ¡un pedazo de rata de 8 kg de peso!

Cocodrilo del Nilo
Aquí nos separamos y unos nos vamos al Parque Nacional de Mahango y otros siguen más al este, internándose en el Caprivi. Nos instalamos en un nuevo camping a la orilla del río Kavango, en una zona habitada pero aún así bonita y a pocos minutos de la entrada del parque. Durante los dos días siguientes nos dedicamos a visitar el parque por las mañanas y por las tardes, y también damos un paseo en barco por el río, que aquí debe tener sus buenos 200 m de ancho. El sitio es menos salvaje de lo que esperaba, hay mucha gente en los alrededores, cultivos, etc., y está prohibida la entrada de barcos en el parque nacional, pero aún así se ven bastantes pájaros e incluso algunos hipopótamos, búfalos, elefantes y nutrias en el río fuera del parque (la orilla de enfrente también está protegida, es un parque diferente al Mahango). Por las noches, los hipopótamos chapotean en la orilla del río a pocos metros de nuestras tiendas, y desde el otro lado del río oímos leones rugiendo.

Lechwe hembra en Mahango

Mahango es un parque muy pequeñito en la frontera con Botswana, la antesala del delta del Okavango (el Okavango o Kavango es un río que nace en Angola, pasa por Namibia y tiene la loca idea de ir a desembocar al borde del desierto del Kalahari en un delta interior enorme, sin ninguna salida al mar ni a otros ríos grandes). Tiene una parte de ribera (apenas 16 km de recorrido) que se asemeja mucho a una versión reducida del brutal parque de Chobe en Botswana. Se ven, como ya he comentado, elefantes, búfalos, cocodrilos y especies de antílopes propias de humedales – como el lechwe rojo- e incluso hay sitatungas, otra especie casi completamente acuática. Como no se les ha ocurrido poner una torre para observar lo que pasa entre los papiros que cubren las orillas del río, no hay quien vea los sitatungas sin embargo. No sé a qué esperan para hacerlo.

Río Kavango con búfalo al fondo
Estos días los impalas están en celo y abundan los machos hormonados que se enzarzan en espectaculares peleas a cornadas. El vencedor acaba persiguiendo al galope al vencido, pero en seguida aparece otro macho –también verraco perdido- a cantarle las cuarenta.

Impalas repartiendo cera

Mahango es también el lugar de Namibia con más especies de pájaros, con algo más de 400 (mientras que en toda Namibia hay 700 y pico). Muchos de ellos no están en el resto del país, pero sí en Botswana y Zimbabue. De los más espectaculares, este alcaudón de pecho rojo.

Alcaudón de pecho rojo (Laniarius atroccineus)
Lástima que no haya tampoco ningún hide/observatorio apropiado para ver pájaros. He hecho estas y otras sugerencias a Parques Nacionales a ver si para la próxima lo tienen todo bien dispuesto.

Y como no había observatorio pero sí un área de pic-nic marcada en el mapa, allí que fuimos a desayunar. El área resultó ser un clarito entre el bosque de ribera, muy cerca de la orilla del río y sin ninguna valla, ni mesa, ni nada. Un sitio adecuado para parar y bajar con cuidado, comerse un emparedado y largarse antes de que aparezca algún bicharraco. En nuestro caso, eso se convirtió en un brunch de una hora, con tostas de huevo revuelto y bacon cocinados allí mismo con un infiernillo de gas, para gran regocijo de un par de grupos de turistas que pasaron por allí. Cuando nos ponemos, nos ponemos…

El viaje al salvaje, salvaje Este acabó con un salvaje, salvaje reventón de una rueda de nuestro coche ya volviendo, a 120 km/h, que quedó en un susto tremendo por suerte. La rueda quedó destrozada pero Silvia tuvo la pericia de controlar el coche y pudimos parar sin ningún daño. Bien está lo que bien acaba.
Grupo de Lechwes

Lista de mamíferos vistos (y oídos) [K: Khaudum; MP:Mahango/Popa Falls]


K
MP

K
MP
Babuino

X
Jirafa
X
X
Cercopiteco (mono verde)

X
Búfalo

X
Liebre de matorral
X

Bushbuk

X
Ardilla terrestre
X

Kudú
X
X
Ardilla arbórea
X

Duiker común

X
Rata de caña acuática

X
Steenbok
X
X
Chacal de lomo plateado
X

Lechwe

X
Ratel o tejon melífero
X

Impala

X
Nutria de cuello moteado

X
Tsessebe

X
Mangosta rayada
X

Ñú
X
X
Mangosta esbelta
X

Antílope ruano
X
X
Caracal
X

Antílope sable

X
Elefante
X
X
Oryx
X

Cebra de Burchell

X
(León)

X
Hipopótamo

X
(Hiena moteada)
X

Facócero
X
X




sábado, 21 de abril de 2012

Etosha VIII




Nota: todas las fotos pueden verse en grande aquí.

Ahora que la temporada de lluvias casi ha pasado completamente en Namibia, me he escapado cinco días a Etosha yo solo. Es mi primera visita de este año, la octava en total y la primera desde diciembre. Espero que este año le sigan muchas más.

2012, a diferencia del pasado, está siendo un año relativamente seco y en Etosha se nota mucho la diferencia. Primero porque el paisaje está más amarillento que el año pasado y segundo porque la laguna de Etosha (“pan”) tiene poco agua. Eso no será muy bueno para la fauna, pero sí para los visitantes porque en la época seca, que está a punto de empezar, la concentración de animales en los puntos de agua (los famosos “waterholes”) va a ser espectacular.

Ya, de hecho, se ven algunos elefantes y rinocerontes en el waterhole de Okaukuejo, cosa que el año pasado a estas alturas no pasaba. Y también se ven algunos elefantes en la zona de Namutoni.

Empecé la visita por ese punto, Namutoni, que es el campamento más oriental (los campamentos de Etosha tienen camping, bungalows, restaurante, tienda, gasolinera, piscina y waterhole iluminado por la noche. También tienen un libro de registro de los avistamientos de animales más interesantes que siempre hay que consultar). Tras una corta primera tarde viendo jirafas, que abundan en esa zona, y una noche con orquestación de leones rugiendo, me encaminé (es un decir, porque no puedes bajar del coche ni mucho menos caminar en Etosha) al waterhole de Chudop con la esperanza de ver un leopardo que lo frecuenta al amanecer. Pero este rinoceronte negro (o rinoceronta, no lo sé), me entretuvo un buen rato en el camino.

Rinoceronte negro



Los rinocerontes negros han proliferado mucho en Namibia en los últimos años y ahora se ven con frecuencia en Etosha (y en la época seca, muchísimo en los waterholes por la noche). Cuando visité Etosha por primera vez en 1997 eran casi una rareza. Comen principalmente arbustos y, por cierto, lo hacen muy ruidosamente. Este estuvo un buen rato a mi lado tan tranquilo y luego cruzó la pista por detrás de mi coche y siguió su camino. Era la primera vez que tenía un rinoceronte negro tan cerca y que no saliera corriendo asustado, ¡muy emocionante!

Con este trajín, llegué a Chudop un poco tarde y me enteré por otras personas (obviamente) de que el leopardo ya se había ido.

Pero no pasa nada, hagas lo que hagas en Etosha siempre ves un montón de animales. Estos dos cachorros de mangosta rayada (Mungos mungo), estaban con el resto de su extensa familia al borde de la pista. En Namutoni andan todo el día por el campamento. El último día, cuando salía de Etosha ya, me topé otra familia de ellas agrupada en el centro de la carretera, todas de pie y mirando al monstruo ruidoso que se acercaba hacia ellas. Salieron corriendo antes de que pudiera fotografiarlas, una pena porque habría sido una foto espectacular. 

Mangostas rayadas
Después de una larga mañana buscando elefantes en las planicies de Namutoni, ya de vuelta al campamento y a menos de 5 km de él, me topé con tres elefantes machos. Uno de ellos estaba dándose un bañito en una pequeña charca, con evidente gustito por el chapuzón. 

A remojo
Al poco, otro gran elefante macho estuvo andando media hora delante de mi coche hasta que también se paró en una charquita a refrescarse. Es muy gracioso ver a un animal tan grande, más bien inmenso, agacharse delicadamente para meter primero el trasero en el agua, y después pegarse una buena rociada con la trompa. Después del baño, siguió su camino muy satisfecho, sacudiendo la cabezota de un lado a otro como un perro contento.



Entre rinocerontes y elefantes, los “curritos” de Etosha se dejan ver por todas partes. Estos son los animales más abundantes: cebras, avestruces, oríces, ñúes y springboks (un tipo, más o menos, de gacela). Hay miles y se ven casi constantemente, pero cuando alguien te pregunta si has visto algo, dices que no, pensando en leones, elefantes, guepardos, leopardos, etc., como si los pobres “curritos” fueran invisibles.


La segunda y la tercera noche las pasé en Halali, el campamento central del parque. La segunda mañana amaneció lluviosa y grisácea, y no veía casi ningún animal. Hasta que paré un momento a aliviar la vejiga rápidamente en un llano con muy buena visibilidad. Frente a mí, salida de no sé dónde, una hiena moteada recorría la llanura de vuelta a su cubil, donde pasaría el día durmiendo. Cuando llegó a las estribaciones de la laguna se reunió con otra hiena y se perdieron entre los taludes. Las hienas deben ser muy abundantes, pero no sé por qué ahora se dejan ver poco.


Tras toda una mañana de relativa mala suerte, porque no apareció ninguna estrella más, me dirigí al waterhole de Noamses, y a los cinco minutos apareció este precioso león macho, poco más que un cachorro grandote, con un par de coches detrás que lo habían seguido durante un cuarto de hora por la pista. El león decidió que ya se había exhibido bastante y fue a echarse entre los arbustos fuera de nuestra vista.

León


Por la noche, en Halali, tenía la esperanza de ver un leopardo que suele ir a beber al atardecer al waterhole, pero no apareció, ni ningún otro animal.

Al día siguiente, tras unas vueltas por los waterholes de Rietfontein, Salvadora, Charitsaub y Suaeda, zona buena para guepardos, me fui a consolarme de no haberlos encontrado al waterhole de Homob, que suele dar muchas alegrías. Efectivamente, nada más llegar ví una manada de seis leones (tres hembras y tres machos jóvenes) al borde del agua. Era todavía muy temprano y los leones debían haber estado bebiendo y ahora estaban descansando en la orilla. 

Leona
Al otro lado, cientos de cebras iban abrevando, con esporádicos ataques de pánico cuando el viento les traía el olor de los leones tan cercanos (supongo).
Cebras de Burchell
Uno de los leones machos hizo un amago de acercamiento sibilino a un springbok que se le acercó bastante, como se puede ver en la foto, pero todo quedó en eso y el springbok se salvó. Las leonas fueron retirándose muy pronto a la sombra de los arbustos, muy cerca de los coches que estábamos allí. Un poco después fue un ñú el que se acercó demasiado a la manada con gran interés de los leones, pero también se dio cuenta del peligro, pegó un bote espectacular y se escapó.

León al acecho


Run for your life

Como veía a los leones interesados en comer (de hecho, siempre lo están, pero esta vez se les veía más atentos que otras), decidí quedarme a ver qué pasaba. Y así, esperando, se pasaron ocho horas de reloj (vale, fui al baño pero tardé quince minutos en ir y volver…). Era algo que siempre quería hacer, pasarme un día observando una manada de leones. Porque al final, siempre te entra el prurito de qué podría estar viendo ahora mismo si siguiera mi camino en vez de echar más tiempo viendo a estos leones que no están haciendo nada, y acabas marchándote, claro. Pero esta vez me quedé, con la esperanza de ver los leones cazando (Homob es muy buen sito para ello)… y no me comí un colín. Prácticamente no se movieron en todo el día, sólo para ir de una sombra a otra, mediando muchos saluditos entre ellos y muchas posturas indignas de tan fausta fiera, pero lo que se dice acción, nada de nada. 




Eso sí, lo pasé muy bien viendo al resto de los animales venir a abrevar, incluyendo un rinoceronte negro. Y también me molesté bastante con un par de familias de afrikaners ruidosos y maleducados, que treparon a los techos de sus coches y casi ponen en fuga a los leones. Cuando vayáis a un parque nacional sed un poco considerados y no hagáis estas cosas, por favor, asustan a los animales. Y cuando la tarde caía, que es cuando quizás podría ver algo, tuve que volverme al campamento que está a 40 km de allí.

De camino a Okaukuejo, el tercer campamento, paré en Newbrownii, que es otro waterhole frecuentado por leones y elefantes. No los ví allí, pero la luz era preciosa y pude fotografiar a placer estas cebras (cabecera) y este chacal. Por cierto, que el chacal bebió agua, empezó a caminar y se paró para expulsar una sonora ventosidad con evidente regocijo, estirando todo su cuerpo mientras lo hacía. Será pueril contarlo, pero el caso es que nunca había visto un animal ventoseando tan conscientemente. Los chacales, como los zorros en Europa, son muy abundantes y los depredadores que más se ven en Etosha, incluyendo el interior de los campamentos.

Chacal de lomo plateado
Okaukuejo es el campamento más agradable y tiene un waterhole que es la mayor atracción del parque y del país. En época seca es un hervidero de herbívoros por el día y por la noche ofrece un desfile impresionante de leones, elefantes, rinocerontes y a veces bichos más raros. Como todavía no es época seca, no esperaba ver mucho, por no decir nada, pero la sequedad de este año cambia las cosas, y a los pocos minutos de esperar aparecieron dos elefantes machos, seguidos un rato después por cuatro rinocerontes negros. Okaukuejo es, literalmente, una animalada. Me fui a la cama muy feliz, con los leones rugiendo de fondo.

Rinocerontes negros: madre y cría mayor

El último día lo pasé recorriendo la zona al norte y al noroeste de Okaukuejo. Primero fui al waterhole de Okondeka, donde había leído que hay una gran manada de leones que nunca había visto (aunque creo que sólo había estado allí una vez antes). El waterhole es muy distinto a los demás, está en una zona muy abierta, al borde de la laguna de Etosha (que como he dicho, este año es un saladar inmenso hasta donde alcanza la vista, completamente seco) y allí sólo crecen pequeños arbustitos y un par de acacias aisladas. El punto de agua en sí es un pequeño manantial bastante alejado de la escasa vegetación. Sin embargo, está todo repleto de esqueletos de los animales que se han zampado los leones, que deben ser muy buenos cazadores para tener éxito en un sitio tan abierto. Llegué el primero y al instante ví que los leones estaban al descubierto, en torno a la charca. La imagen, con un fondo tan abierto y tan pelado, recuerda más a las fotos de los leones de la Costa Esqueletos que a Etosha, y es igual de bella. 
Los leones de Okondeka
Lástima que al amanecer estaban totalmente a contraluz y a mucha distancia, pero pasé un par de horas estupendas viéndolos beber y retozar. Eran dos leones adultos, de los más bonitos que he visto, tres hembras y cuatro cachorros de unos nueve meses de edad.


Se acercaba la hora de marcharme, me dí una vuelta por las llanuras al oeste de Okaukuejo, sorprendentemente vacías de herbívoros, y volviendo al campamento me topé con un par de coches parados… observando otra manada de leones (cuatro esta vez, dos hembras y dos machos) que estaban empezando a retirarse a la sombra. Esta es una manda que hemos visto otras veces, muy cercana ya a Okaukuejo.

Con el sol ya alto, paré un ratito en Okaukuejo y me dirigí a la salida del parque, con la esperanza de recorrer el “loop” de Ombika, una zona preciosa con guepardos, pero éste es uno de los pocos caminos que se han cerrado por la lluvia. En vez de hacer el “loop” me acerqué un rato al waterhole, que está muy cerca de la carretera, y me consolé viendo unos cientos de buitres comiendo una carroña. En alguna sombra cercana, la manada residente de leones estaba sin duda haciendo la digestión.