
Hoy en día, aunque poca gente lo sepa, quedan piratas en los acantilados de Salé: los halcones de Eleonora. Vienen de Madagascar, donde pasan el invierno, y se instalan aquí para reproducirse, a la espera de que los pájaros migratorios vuelvan de Europa siguiendo la costa, hacia sus cuarteles de invernada africanos. Los halcones programan su reproducción de forma que sacan el máximo provecho de este paso migratorio para criar a sus pollos, entre julio y septiembre.
En Marruecos hay sólo dos colonias de halcones de Eleonora y la de Salé es, con mucho, la menor: sólo unas 20-25 parejas resisten a las molestias, a los chavales con tirachinas y al avance de la urbanización (Salé tiene más de un millón de habitantes). La otra colonia está en la isla de Mogador, frente a lo que hoy es Essaouira. A diferencia de ésta, la de Salé no tiene ninguna protección y goza del desinterés absoluto de las autoridades locales. Sin embargo, aguanta mejor de lo que presuponen algunos estudiosos de los pájaros, que la creen ya casi desaparecida, y ofrece unas condiciones de observación inmejorables, a tiro de piedra (por suerte y por desgracia) del que quiera ver los halcones de cerca sin molestarlos. Comparten acantilados con gaviotas patiamarillas, cernícalos vulgares, cernícalos primillas, halcones peregrinos y mochuelos. Todo un espectáculo en las faldas de una aglomeración urbana (Rabat-Salé) de más de dos millones de habitantes.